viernes, 1 de enero de 2010

20¡58


"Yo soy libre solamente en la medida en que reconozco la humanidad y respeto la libertad de todos los hombres que me rodean."

Mijail Bakunin

20y53


u negro coño en penumbra,
Sobre la almohada, sobre la mesa, sobre la cara,
Debatiendo entre cálidas aguas de isla,
Se libera rompiendo sabanas,
Se va al viento como cabellera,
Hoy jugoso, mañana más,
Más quisieran las especias tu sabor, tu olor, tu color,
Ayer malva, hoy grisáceo oscuro
Como si de un callejón a la intemperie cargadito de mafiosos
Entre tiro y tiro: ametrallamiento, entre burbujas de sangre:
Gritos alocados de pánico horrendo, huyendo despavoridos
Sensaciones fuertes y verdaderas
Tu cóño almizcle, negro su vertiente externa
Poco a poco rojizo, rojo intenso dentro de la caverna,
No es necesario el pedernal ni la yesca, arde
Se combustiona a la mar de bien
Arde como el arde el volcán, haciendo escuela!
Tu negro y rojo coño, ¿coñomí¿
Tu coño de perejil y de frambuesa
Cuando muera, que sea latiendo dentro de ti,
Empapado de tu marea.

20ç19



El culo de una mujer no es una cesta de frutas, aunque me temo que se asemeja mucho. No es un resplandeciente amanecer cuando el sol acaricia la piel de La Tierra. Tampoco es un barco de trasmallo chorreando sardinas en sus bodegas. Ni siquiera La Pagoda de Fisac, demolida a buen recaudo por los munícipes del Ayuntamiento pero alojada en mi memoria como el primer beso que te di. No imagino el mundo sin las reposaderas de una mujer.
El culo de una mujer, de una buena mujer, se acrecienta en las subidas y en las bajadas hace honor a su delicadeza. Se aligeran los cachetes y uno va para allá mientras que el otro viene hacia acá. Cosa más linda y sensual, jamás vi. Nos podemos fijar en sus muslos y en sus pechos, en sus redondeces de vientre y de hombros, de sus codos, y qué decir de sus rodillas, autentica vanidad de la Señora Naturaleza, sin embargo mis ojos, estos ojos que mi bendita vieja me dio, con sus lentes y todo, no pueden evitar el inquirir en los detalles de este buen culo.
Cuando anda es como si el fulgor de un tsunami barriera la calle, pero¿¿ qué decir cuando se sienta en un banco del parque?, bajando tenuamente sus medidas hacia la madera del asiento, ¡quien fuera banco!. Colocase convenientemente la falda con las piernas cruzadas, queda el buen culo en reposo de las miradas, aunque soporte todo el peso de tan bella figura.
Hay todo un álbum de finas costuras apreciables por debajo de la fada (nótese que el pantalón , ni siquiera lo menciono), según sea o acostumbre la buena mujer de utilizar su ropa intima, con autenticas calzas de las de antes, con bragas más llevaderas, de las de algodón, un poco más livianas tal vez, siendo perfectamente distinguible sus gustos, o como se acostumbra en esta parte del tiempo, los diminutos tangas que son perfectamente ¿transportables¿ con una pieza en el bolsillo del vaquero a modo de recambio por lo que pudiera pasar. Personalmente no tengo una opinión forjada en cuanto a esto último de los tangas. Tengo serias dudas de si son atractivas o sensuales, según la mujer, además de su edad, también su volumen. A decir verdad estoy perfectamente identificado con las ropas íntimas de las de antes de esta moda.

El culo en movimiento nos indica a modo de conocerla, si es más femenina o más masculina, si esta descompensado con su cuerpo, o si es demasiado pequeño a modo de breva o tal vez demasiado grande a modo de campo de futbol. Sugiero mejor el mediano, donde poder agarrarse previendo la supervivencia. Donde poder darle crema de ¿Denenes¿, o ponerle una inyección llegado el caso. Esta última acción además de cariñoso puede ser humorístico después de darle un par de cachecitos para engañarla antes de clavarle la aguja. Después un buen beso en sus sonrosadas mejillas es como que te libera de semejante tortura.
Que haría yo por un buen culo!, mejor en movimiento, apresurada o mirando escaparates. Me quedo como un reloj.

Gracias a la vida que me ha dado tanto!.

22.05


Se quedó dormido debajo del coche mientras reparaba el tubo de escape, puede que el cansancio de la noche anterior le jugara una mala pasada, había estado en el templo hasta bien tarde, siempre era de los últimos, le apetecía mucho disertar con sus parroquianos casi todos rumanos, aunque él era de una nacionalidad indeterminada. También era indeterminadas su percha, su color y su edad. Muchos pensaban que rozaría la cuarentena, aunque algunos otros pensaban que no tendría más de treinta y cinco. Su tez apenas mostraba pelillos de barba ni de bigote, tan solo una leve hilera vertical de pelillos a modo de perilla le bajaba por debajo del labio inferior hasta la barbilla.
Se puso el chándal de trabajo, reservaba uno en el armario superior que consiguió a buen precio en el almacén de Oehler. La caja de herramientas figuraba en el suelo con todas las llaves bien colocadas en hilera y sujetas por un par de abrazaderas a modo de argolla en las partes superior e inferior de cada una de las piezas, salvo la 23 que reposaba ya sin presión en su mano derecha, había alguna leve respiración con más energía sin llegar al ronquido.
Era muy temprano, así que por aquella plaza cerrada y dando casi la espalda a la avenida Principal no pasaba nadie, seguro que casi todos los integrantes de aquellos edificios de los años cuarenta dormían plácidamente en sus confortables camas.
El automóvil era robusto y bien diseñado, tenía muchas influencias de alguna empresa alemana, esto a él le reconfortaba, le gustaba conducir por las afueras de la ciudad con tranquilidad y seguridad. Sus paseos vespertinos en el auto por la ruta de la Universidad eran placenteros, cómodos y relajantes. Luego de guardar convenientemente el soberbio auto en el garaje alquilado tomaba una cena de lo más frugal antes de entregarse a su pasión: la lectura. Aquel ¿dái- que quedó dormido llevaba la agenda con retraso, este contratiempo le dificultaría su equilibrio emocional. Seguro

domingo, 30 de agosto de 2009

11--12

Germinal, su pasión por el teatro, su orgullo de conocedor de los mejores escenarios, Nuria Espert, Goyanes, la familia Gutiérrez Cava, FFG, Bódalo. Todos o casi ninguno entre sus visitantes, pero su orgullo, su ¿ufanismo¿, le hacían sentirse bien consigo mismo, no podía evitar mirar por encima del hombro a los otros residentes, sabedor como era de la ignorancia o poca preparación de ellos,
Por Dios!, siempre las mismas conversaciones de los hijos, las herencias, los dolores aquí o acullá. El prefería vestirse bien con todo lujo de detalles, su americana, sus pantalones con la raya omnipresente, su buena corbata de seda y ver televisión en el recibidor de arriba, donde apenas había gente, su soledad relajante y silenciosa le hacían volver a los escenarios, los figurines, las perchas vacías, el maquillaje, las mascaras de las Tragedias Griegas. Mérida, El Lara , El María Guerrero, El Español, El Eslava, El Apolo y su amado Nacional São Carlos.
María le llevó la merienda, Hola José Luis, aquí te traigo el café con leche.
Él tomó un sorbo, mientras María salía de la salita.
Agua sucia! En lugar de café con leche! Hank! Y además como siempre le falta azúcar ¡!!,
Viejo cascarrabias!!, masculló Maria mientras tomaba el ascensor.

11¿{15

Tu territorio el del amor,
El de la entrega a los hijos,
El de la boca firme y tersa, voluptuosa.
El de los años en los ojos y también la sonrisa de niña,
La voz de niña a través del aparato del teléfono,
La mujer-niña, la niña que es una mujer.
El de la alegría de tus ojos, infinitos entre encinas.
Y tus calderos de gazpacho y salmorejo entre las sabanas,
Disfrutando del cuerpo de Rubens, de Poussin
De tu obra de tierra, amor y vida.
De tus agobios, de tus calores a la luz de la tarde
Tomando una horchata en tu comedor reconvertido en tu estilo,
Flamenco, luz y amarillo, y aquella palmerita.
Que nudo gordiano nos ata
Que piensas en mi!, cuando tu estas en mi alma!.

10 ' 37

Tu negro coño y fresco,
cálido como la luz de la luna,
La Luna de Agosto,
entre racimos y lianas
como tus ojos lluviosos,
ayer sumiso y dolorido
hoy, abierto y libre,
sonríe, vive, se muestra hermoso,
gime en un sin fin de placeres ayer desconocidos,
hoy irreductible a convencionalismos de tacañería pacata,
Tu fresco, y nuevo y joven, negro coño
me envuelve en un manjar de brumas cálidas,
como tus manos de fuego y de salud mágica
como tu boca, verdadera fuente de vida
me henchida el alma, me marea y me torea
y me lleva a donde ella dice: ¿allá? allí, ¿acá?, aquí.
Tu. Mujer, de perfume tierra, de historia amarga,
me llevas al puerto o la montaña cara a través,
o al desfiladero de cobre y oro entre abrazos de plata.
Coño dulce y negro, coño flexible y malva,
entre corrientes de marea baja.



Puente de Toledo (Madrid) año Mari-Castaño
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